Como un guion que ya estaba escrito, hoy se suscitó un punto de quiebre en la guerra por el agua en Sonora durante la mañanera de Claudia Sheinbaum. Un punto de inflexión donde los campos de batalla de esta pelea quedaron bien definidos.
Para comprender mejor, vamos a ponernos como el dramaturgo: mirar los hechos de la mañanera y sus reacciones como escenas de una misma obra
Escena uno.
En su estilo peculiar, al finalizar la mañanera del pueblo, la periodista Reyna Haydee, sonorense y egresada de la Universidad de Sonora, lanzó una pregunta aparentemente inocente, aunque con los dados cargados: buscaba arrinconar a la presidenta en una respuesta de sí o no.
La interrogante fue directa: ¿cancelará el proyecto de las tres presas en el río Sonora?
Sheinbaum, dueña del escenario, sorteó el golpe con astucia política. Delegó la respuesta, trasladándola a la Comisión Nacional del Agua y a la organización de una consulta con la comunidad.
No cerró la puerta a las presas, simplemente abrió otra ventana: que decida “la gente”. Su estrategia no abandona la idea de que la mayoría pueda ser convencida de aceptar el proyecto.
Entre los aguijones de la reportera estaba también el tema de un posible negocio inmobiliario en los terrenos de la presa Abelardo L. Rodríguez. No es un fantasma nuevo: en el pasado, gobernadores como Eduardo Bours y Guillermo Padrés beneficiaron a sus familias y a la familia Coppel con la construcción de un fraccionamiento millonario en esa zona. El argumento detrás de la construcción de nuevas presas es claro: evitar que los terrenos de la Abelardo L. Rodríguez se inunden y queden así asegurados para fines privados.
Escena dos.
Horas después, desde la comodidad de las oficinas de gobierno en Hermosillo, la vocera estatal Paloma Terán lanzó un comunicado a los medios. El mensaje fue contundente: los terrenos adyacentes a la presa Abelardo L. Rodríguez serán declarados reserva natural, con el fin de garantizar su conservación y evitar que en el futuro se destinen a intereses particulares.
El anuncio, en apariencia tranquilizador, abre un flanco inevitable: si las presas no son para blindar el negocio inmobiliario, ¿serán entonces para garantizar agua a la minería sonorense, en especial a Grupo México? La pregunta flota como sombra inevitable en el telón de fondo de Sonora.
Escena tres.
Mientras tanto, a la orilla del río, la resistencia crece. Las comunidades se organizan para impedir la entrada de maquinaria en Puerta del Sol, donde se proyecta una de las presas.
En las asambleas ejidales ya se han pronunciado contra el plan del gobernador Alfonso Durazo, y se preparan para responder a un llamado urgente de último momento. Se están citando porque van a enfrentar pacíficamente un operativo para tratar de convencer a la gente del proyecto de las presas, encabezadas por el hombre que ha montado una estrategia fracasada para formar una burbuja mediática a favor del gobernador.
El secretario de gobierno, Adolfo Salazar, en su afán de crear una falsa legitimidad del proyecto del gobernador, estará acompañado por la señora que ayer ocupó la secretaria de turismo, ahora la de agricultura y que cambia de hueso como cambiar de calcetines, la derrotada Célida López, el alcalde de Ures, para emprender una campaña de convencimiento del proyecto de Alfonso Durazo
También se encuentran organizando una manifestación de protesta el próximo 10 de octubre, de la Alameda a la Plaza Zaragoza en el pueblo mágico de Ures.
Detrás de los telones.
Al hilar los hechos, aparece una respuesta implícita, casi invisible, tanto de la presidenta como del gobernador: reconocen la inconformidad social.
Sheinbaum respondió con una maniobra política: “le sugerí a Conagua que se hiciera una consulta…”, admitiendo la existencia de voces a favor y en contra.
Pero evitó comprometerse: no dijo sí, no dijo no. Relegó la decisión a un proceso de consulta que, en teoría, debería ser libre de manipulaciones, aunque en la práctica es difícil imaginarlo.
Incluso al responder a la reportera sobre una reunión organizada por Durazo con personas afines a su proyecto, Sheinbaum se refirió al encuentro que tuvo con representantes de las comunidades en su última visita a Sonora: “Cuando llega una manifestación de 10 personas y dicen que no queremos las presas, se analiza técnicamente y se pone a consulta a la gente porque a veces es una minoría la que protesta”.
La presidenta cerró el tema con un espaldarazo a Durazo: “que la gente decida”. Una frase que suena democrática, pero que desplaza la carga política hacia la comunidad, mientras el gobierno conserva el control de los hilos.
No respondió, sin embargo, a las acusaciones sobre posibles negocios inmobiliarios ni a los riesgos de corrupción. La evasión, en sí misma, es significativa.
La para rayos de palacio.
La estrategia comunicacional del gobierno estatal funcionó como un pararrayos. En su boletín, la vocera aseguró que los terrenos de la Abelardo L. Rodríguez serán reserva natural y que el sistema de presas no se financiará con venta de tierras. Para reforzar el mensaje, invocó el recuerdo de Bahía Delfín, en San Carlos, como ejemplo de corrupción pasada.
Pero el comunicado omitió lo esencial: las caravanas, los campamentos, la indignación de los pueblos del río. Para la burbuja oficial, la oposición simplemente no existe.
La resistencia comunitaria: otra narrativa.
En el río, las comunidades escriben su propia crónica. Las vigilias del agua -formadas en su mayoría por mujeres- permanecen firmes, día y noche, custodiando el cauce. Denuncian al alcalde de Ures por su complicidad con el gobernador, enviando empleados municipales como operadores políticos disfrazados.
En un comunicado encendido, convocaron a la gente: “háganse presentes para protestar… las reuniones cerradas no son válidas y no se dejen engañar”. Las palabras, recias como el agua misma, expresan la indignación de quien siente amenazada su vida, su historia y su memoria.
Algunas conclusiones.
De la teatro que se armó desde la mañanera podemos desprender varias conclusiones:
- El gobierno de Durazo sigue utilizando recursos públicos, diputados y funcionarios para convencer -o presuntamente comprar- voluntades en favor de las presas.
- La presidenta Sheinbaum juega al equilibrio en el filo de la navaja: respalda a Durazo, pero no confronta a las comunidades.
- El plan hídrico sigue en pie; la consulta aparece como cortina de humo.
- Las comunidades tienen un papel estratégico: si logran demostrar que la consulta es manipulada o ilegal, pueden desnudar el doble discurso y detener el proyecto.
- Las mujeres vigilantes del río se han convertido en un símbolo de resistencia y defensa del patrimonio colectivo.
La guerra por el agua ha comenzado. De un lado, el poder del ejecutivo y legislativo en Sonora, con todo su aparato político. Del otro, comunidades que cargan con siglos de memoria y saben que lo que está en juego no es sólo un río, sino la dignidad misma de un pueblo.
