El gobierno de Estados Unidos desplazó el portaaviones Gerald R. Ford —el más grande y avanzado de su flota— hacia la zona del Comando Sur, reforzando su presencia militar en el Caribe. El movimiento, autorizado por el presidente Donald Trump, ocurre apenas un día después de que fuerzas estadounidenses mataron a seis personas en dos lanchas del Pacífico Oriental, en operaciones antidrogas que ya acumulan 76 ejecuciones desde agosto.
La Marina de EE.UU. reconoce haber destruido al menos 20 embarcaciones en operativos en aguas internacionales. Gobiernos de la región, como Venezuela y Colombia, califican estas acciones como ejecuciones extrajudiciales que violan el derecho internacional.
Venezuela responde con un despliegue nacional
Ante el arribo del portaaviones, el presidente Nicolás Maduro activó un despliegue militar masivo bajo el “Plan Independencia 200”, que incluye unidades terrestres, navales, aéreas, fluviales y sistemas misilísticos. El gobierno venezolano afirma que la operación busca preparar al país frente a una posible agresión de Estados Unidos.
Un giro estratégico en el Caribe
Con ocho buques de guerra, un submarino nuclear y cazas F-35 acompañando al Gerald Ford, analistas coinciden en que Washington está reconfigurando su estrategia militar en América Latina. El Comando Sur, históricamente clave en las intervenciones estadounidenses, recupera un rol central en un contexto de tensión creciente.
El despliegue ocurre mientras organismos de derechos humanos y expertos de la ONU alertan sobre el riesgo de una expansión de operaciones militares estadounidenses bajo el argumento del combate al narcotráfico.
