El magnate de la televisión, que alguna vez intentó disfrazarse de adalid empresarial y hasta de aspirante político, carga hoy con un pesado historial que lo exhibe como lo que siempre fue: un candidato fracasado.
Sus negocios no son ejemplo de innovación ni de ética, sino un catálogo de pleitos fiscales, evasiones multimillonarias y deudas internacionales que lo persiguen incluso fuera de México.
La más reciente evidencia la puso sobre la mesa la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien recordó que el empresario no solo debe miles de millones al fisco mexicano, sino también a inversionistas extranjeros que lo demandan en tribunales internacionales.
El caso es mayúsculo: al menos 500 millones de dólares que TV Azteca adeuda a fondos estadounidenses. “Toma chocolate y paga lo que debes”, sentenció la mandataria, dejando claro que el Estado mexicano no asumirá esa factura ni lo blindará con el manto protector del Poder Judicial.
Salinas Pliego, acostumbrado a envolverse en un discurso populista contra el pago de impuestos y en un supuesto espíritu libertario, aparece hoy como un hipócrita de manual: se enriquece con concesiones públicas, evade al erario, desprecia a trabajadores y proveedores, y ahora busca victimizarse ante el escrutinio público.
Candidato a la derrota en los negocios, en los tribunales y en la arena pública, su figura ya no es la del empresario exitoso que presume en redes sociales, sino la de un deudor global que ha dejado deudas en cada esquina.
Su fracaso, más que personal, es un espejo de cómo los privilegios y la impunidad pueden sostener durante décadas a quienes hoy se ven acorralados por la justicia.
Pregunta tonta: ¿usted votaría por este empresario mantenido por el pueblo? Porque el dinero que debe a hacienda, es recurso público o con los recursos
